La memoria a largo plazo

bebeuteroCuando venimos al mundo, nuestro cerebro es como un ordenador nuevo que viene con un procesador y un sistema operativo instintivo, genético, que nos permite interactuar con el entorno y realizar todas las funciones que nos identifican como seres humanos. A medida que crecemos, vamos adquiriendo conocimientos, viviendo experiencias e interpretando la realidad desde nuestro particular punto de vista. Todo esto se guarda en nuestro cerebro en forma de trazados o redes neuronales secuenciales, a las que llamamos memoria y que, poco a poco, van formando lo que somos.

En nuestros bancos de memoria a largo plazo podemos guardar información de forma explícita y consciente, lo que requiere un elevado gasto de energía y esfuerzo, como cuando estudias un tema que te interesa o quieres aprender una habilidad determinada. Pero también guardamos información de forma implícita e inconsciente, y en algunos casos memorias no declarativas, es decir que no se pueden describir con palabras, como algunas emociones, sensaciones y sentimientos. En este último tipo de recuerdos, que se guardan de forma inconsciente, sin apenas ningún esfuerzo, influye mucho nuestro sistema amigdalino, el de las emociones, tanto para aquellas cosas que son importantes para nuestra supervivencia, como te conté, cuando hablábamos del aprendizaje, con el ejemplo de que cuando un perro te muerde, recuerdas perfectamente la raza, el color, el tamaño y demás características del perro y del lugar donde estabas de forma indeleble, como también para cualquier otro tipo de estímulo donde interviene una emoción, aunque no sea trascendente para nuestra supervivencia, por ejemplo, una película, una clase magistral donde el profesor te hizo vivir lo que explicaba o el tantas veces usado ejemplo del ataque a las Torres Gemelas del 11-M, que nos impresionó tanto a todos, que recordamos perfectamente donde estábamos, con quién estábamos, etc., como si fuera hoy mismo.

cara-de-sorpresaPor esta razón, el neurocientífico español Joaquim Fuster, uno de los principales investigadores de la memoria humana, dice que las emociones son como un “pegamento” para la memoria. Por eso, siempre te digo que si quieres que alguien te recuerde o recuerde lo que le tienes que decirle: emociónale. Resumiendo, cuando sentimos lo que aprendemos, nuestro sistema amigdalino refuerza de tal manera las conexiones sinápticas que dicha información se guarda de forma indeleble y permanente en nuestro cerebro.

El filósofo alemán Hermann Ebbinghaus, a finales del siglo XIX estudió en profundidad la memoria y el olvido en función del tiempo, desarrollando su famosa curva del olvido que sigue siendo actual más de un siglo después. De sus investigaciones concluyó, que el 95% del aprendizaje explícito o voluntario se pierde en los 30 días siguientes al mismo (siempre que no se hagan repasos o repeticiones) y la mayor parte de ese 95% se pierde en las primeras horas. Otra conclusión que sacó Ebbinghaus fue que “El aprendizaje espaciado es superior al concentrado a la hora de grabar los conocimientos en la memoria”, es decir, que nos es mejor estudiar un tema en varias sesiones que darnos un atracón en una sola sesión.

Para estudiar la memoria a largo plazo, podemos clasificarla en, al menos, cinco tipos de memoria que podemos diferenciar claramente y que son gestionadas por distintas áreas críticas de nuestro cerebro, aunque otra vez quisiera recordarte que esas áreas por sí solas no harían nada ya que el cerebro humano es una compleja red que interactúa.

Los distintos tipos de memoria a largo plazo que podemos diferenciar son los siguientes:

La primera memoria de la que te voy a hablar es la memoria episódica. La memoria episódica es la que te permite recordar o evocar un momento vivido donde hay un “cuándo” y un “dónde”. Este tipo de memoria no sólo es clave para recordar el pasado, sino que también es fundamental a la hora de desarrollar una de las capacidades cognitivas que nos diferencian del resto de los animales y es nuestra capacidad para imaginar el  futuro. Por ejemplo, gracias a la memoria episódica puedes imaginar que mañana vas a ir un restaurante donde has comido anteriormente e imaginar cómo será, las personas con las que estarás, etc. Fíjate además cómo con sólo imaginar este hecho, éste se guarda como una memoria más, aunque todavía, de hecho, no haya ocurrido. Seguro que te ha pasado alguna vez que ibas a ir a un sitio, imaginaste la escena, y luego por alguna razón no pudiste ir, sin embargo con el tiempo cuando alguien evoca la escena tú lo recuerdas como si hubieras estado ahí. Esto pasa no solo cuando imaginas una escena futura sino también cuando te cuentan una historia tantas veces que ya no sabes bien, si has vivido la historia en primera persona o sólo te la han contado.

Durante el desarrollo evolutivo del ser humano, esta memoria ha estado también muy relacionada con el desarrollo del lenguaje, ya que los seres humanos siempre hemos tenido la  necesidad de contar las experiencias y episodios de nuestra vida y eso ha ayudado a que tengamos un lenguaje mucho más desarrollado que el de otras especies.

hipocampoEl área crítica de esta memoria es el hipocampo, el cual se cree que funciona tanto como localizador de redes neuronales de memoria relacionadas con el episodio, así como banco de memoria en sí mismo.

La memoria episódica normalmente tiene un fuerte componente emocional ya que de lo contrario decimos que se semantiza, es decir, se conserva el hecho en sí como concepto, pero pierde el “cuándo y el dónde”. Por ejemplo, es posible que recordemos algunos de nuestros cumpleaños si nos prepararon una fiesta o paso algo importante, pero en otros, debido a que por la propia repetición se pierde el foco emocional,  sabemos que hemos cumplido años –concepto cumpleaños-, que fue tal día determinado -porque lo conocemos-, pero no recordamos el episodio en sí. Seguro que si te pregunto dónde estabas en cada uno de tus cumpleaños te acordarás de algunos pero de otros no.

Otra característica de la memoria episódica es que cuando la evocamos sentimos conjuntamente parte del estado mental y las emociones del momento en que ocurrieron los hechos y posiblemente cuando volvemos a evocar un recuerdo no evocamos el hecho que lo generó sino la última evocación del mismo, por eso nuestros recuerdos con el tiempo pueden ir variando y cuanto más los evoquemos, más se pueden alejar del hecho original.

Otro dato curioso que arrojan los estudios que se realizan sobre nuestra memoria episódica es que se produce una curva a lo largo de nuestra vida en la que no recordamos prácticamente nada de los primeros tres o cuatro años de vida, lo que conocemos como amnesia infantil, luego recordamos muchos episodios hasta los veintiocho o treinta años aproximadamente; a partir de los treinta años y hasta los cuarenta y cinco o cuarenta y seis años nuestra memoria episódica sufre un bajón, recordando muchos menos episodios específicos –con un dónde y un cuándo- y luego, a partir de los cuarenta y cinco o cuarenta y seis años nuestros recuerdos episódicos empiezan a aumentar otra vez. Es curioso que otros estudios identifican esa etapa de nuestra vida –entre los treinta y los cuarenta y seis años- como en la que menos felices somos, como regla general.

El segundo tipo de memoria que podemos diferenciar es la memoria semántica. Este tipo de memoria es la que nos permite recordar significados o conceptos sin que intervenga nuestra relación personal con ellos.  Por ejemplo, sabemos lo que es un lápiz, pero no recordamos ni cuándo ni dónde lo aprendimos. El área crítica de este tipo de memoria es la parte lateral del lóbulo temporal. Es nuestro archivo general de conocimiento conceptual.

Te voy a contar un caso médico muy famoso que ayudó enormemente a la investigación de la memoria. El caso conocido como el paciente HM, que se llamó así por Henry Gustav Molaison (1926-2008).

hmHenry Gustav Molaison padecía una severa epilepsia intratable que le producía frecuentes convulsiones. En 1953 fue derivado para su tratamiento al neurocirujano del Hartfort Hospital, William Scoville. El Dr. Scoville localizó el origen de la epilepsia en los lóbulos temporales mediales izquierdo y derecho, y prescribió como única solución la amputación de dichos lóbulos. En la operación HM, además de los lóbulos temporales, perdió las dos terceras partes de sus hipocampos quedando los tercios restantes atrofiados. La operación eliminó los ataques epilépticos de HM pero también le provocó una amnesia anterógrada, es decir perdió la capacidad de recordar los nuevos acontecimientos de su vida y los nuevos conocimientos semánticos, una vez les dejaba de prestar atención por unos segundos, afectando así a su memoria a largo plazo. Sin embargo HM era capaz de recordar prácticamente toda su vida y sus conocimientos anteriores a la operación. Asimismo, su memoria de trabajo y procedimental estaban intactas, incluso era capaz de adquirir nuevas habilidades motoras y retenerlas en su memoria a largo plazo. Aunque HM se hizo mayor, no era capaz de reconocerse al espejo, él se recordaba tal cual era antes de su operación en 1953. Afortunadamente la impresión que le provocaba verse en un espejo mucho mayor de cómo él se recordaba se le olvidaba rápidamente.

En la actualidad hay otros muchos casos de personas que han perdido la capacidad de recordar, entre ellos se encuentra el caso de Jeremy que te invito a conocer más en detalle en el siguiente documental de La 2 de TVE.

El tercer tipo de memoria del que te voy a hablar es la memoria procedimental.

Cuando dominamos una habilidad, nuestro cerebro tiene la capacidad de automatizarla con el fin de ahorrar al máximo su consumo de energía y además, así poder aumentar su capacidad para realizar con éxito más de una tarea a la vez. El área del cerebro que controla este tipo de memoria es el cerebelo, esa protuberancia que se encuentra la parte posterior-inferior del encéfalo. Esta función nos permite descargar nuestros lóbulos frontales de ciertas tareas, que tenemos suficientemente dominadas, para poder concentrarnos en otras y así liberar nuestra memoria de trabajo y atención de una posible sobrecarga, lo que amplía la capacidad de la misma y consume mucha menos energía.

tocandopianoEste proceso de automatización del acceso a la información lo podemos explicar de la siguiente manera. Cuando un conocimiento o habilidad se llega a dominar completamente pasa de ser  una memoria explícita, a la que tenemos que acceder de forma consciente, a ser implícita, interiorizándosey pudiendo acceder a la misma de forma consciente o inconsciente, como un bloque de información. Así, podemos montar en bicicleta, conducir, tocar el piano, dirigirnos al trabajo o realizar un montón de tareas sin siquiera pensar en ellas. ¿No te ha pasado en más de una ocasión que has llegado a tu trabajo sin siquiera recordar el camino que habías realizado porque venías  pensando en otro cosa?

Dentro de este tipo de memoria podemos categorizar el condicionamiento clásico –respuestas automáticas, recuerdas los experimentos de Pavlov-, las funciones cognitivas automáticas, los hábitos y las habilidades motoras. Y lo podemos hacer de la siguiente manera:

  • Memoria procedimental cognitiva: Ej. las tablas de multiplicar, traducir o interpretar códigos, como por ejemplo la nomenclatura en química, etc.
  • Memoria procedimental perceptual-verbal: Ej. hablar, escuchar –interpretando el significado de las palabras-,  leer o escribir.
  • Memoria procedimental motriz: Ej. Habilidades motoras, tocar instrumentos, practicar deportes, etc. Por ejemplo, un tenista que tiene que anticipar la trayectoria de una pelota a más de 200 km/h tiene que tener automatizada esa habilidad motora, ya que si te ponen a ti o mi enfrente de esas pelotas, seguro que nos llevamos más de un pelotazo en la cara.

La siguiente memoria de la que te hablaré, de forma muy breve, es la memoria emocional. Esta memoria, además de permitirnos recordar sentimientos y emociones, funciona como potenciadora de los otros tipos de memoria.

Cuando experimentas emociones liberas adrenalina y la adrenalina fija y refuerza las sinapsis, es decir, las conexiones entre las neuronas que forman las redes neurales. Recuerdas cuando hablamos del compromiso emocional, es decir, el grado con que asociamos una emoción a un estímulo, bueno, la memoria emocional lo que hace es aumentar los detalles de los registros, dotarlos de mayor intensidad y les da un sentido de realidad mucho mayor. El área clave del cerebro que gestiona este tipo de memoria es la amígdala –que aunque siempre las mencionamos en singular, en realidad tenemos dos-.

Por último hablaremos de la memoria autobiográfica, esta memoria es la suma de todas las otras memorias a largo plazo y nos permite recordar de forma correlativa los hechos y experiencias de nuestra vida, permitiendo que nos creemos un sentimiento de identidad propia.

Para consolidar en tu memoria lo que te he contado en este post te invito a ver los  siguientes vídeos sobre la memoria. El primero de la Universidad de Navarra, y los siguientes con las conferencias de los doctores Carlos Logatt Grabner y Facundo Manes de la Asociación Educar:

En el siguiente blog hablaremos del tercer dispositivo básico del aprendizaje que es: la motivación.

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Los diferentes tipos de memoria: La memoria a corto plazo

cerebro y memoria

Cuando hablamos de memoria, hablamos de un concepto general, pero en realidad sería más correcto que habláramos de “memorias”, ya que en realidad tenemos  varios tipos de memorias, que por un lado se integran para funcionar como un todo, en red,  pero que, por otro lado, son a tal punto independientes, que los científicos han podido incluso identificar distintas áreas críticas del cerebro a las que se puede relacionar con el funcionamiento de cada una de ellas.

Para poder explicarte mejor cómo funciona tu memoria, lo primero que vamos a hacer es   clasificarla en dos grupos:

  • La memoria a corto plazo
  • La memoria a largo plazo

La memoria  a corto plazo

Dentro de la memoria a corto plazo existen dos tipos de memoria: la memoria perceptiva o sensorial y la memoria operativa o de trabajo.

La memoria perceptiva la compone todo aquello que percibimos por nuestros sentidos, de forma visual, auditiva, olfativa, gustativa táctil y kinestésica.

Como ves, hemos incluido un sexto sentido, la kinestesia o cinestesia. Este sexto sentido está relacionado con lo que llamamos la propiocepción, es decir la percepción que tenemos de nosotros mismos en relación con el espacio. Esta percepción incluye, el equilibrio, el movimiento y otras sensaciones que nos permiten, entre otras cosas,  ser conscientes de si estamos acostados en posición horizontal, si estamos de pie en posición vertical o inclinados hacia un lado; de dónde tenemos nuestra mano, si la tenemos levantada o colgando, o incluso nos permite, con los ojos cerrados, realizar esa prueba que nos hacen los médicos para comprobar nuestra coordinación de movimientos, que es tocarnos la nariz con la punta del dedo índice y acertar. Los terminales nerviosos de este sexto sentido se encuentran básicamente en las articulaciones, los músculos y en el oído interno, en esa zona que llamamos cóclea y que tiene forma de caracol. Pero también se encuentra en otras partes del cuerpo ya que es como un tacto interior que nos permite ser conscientes de nuestros órganos y de nuestro propio ser en relación con el espacio.

La memoria perceptiva la podemos utilizar de manera  voluntaria centrando el foco de atención en un objeto, que sea capaz de ser percibido, o puede ser involuntaria mediante la percepción del medio ambiente. Cuando es involuntaria dura muy poco y no tiene ni siquiera porqué ser identificada o tener sentido, y puede dejar una huella mnémica en la memoria a largo plazo que nos permitirá reconocerla o identificarla si la volvemos a percibir, incluso sin saber lo que es, o por el contrario simplemente desaparecer.

A esta huella mnémica que deja la memoria perceptiva, es la que solemos llamar memoria de contexto, que seguro que reconocerás si te digo que se produce cuando de pronto percibes un olor o algún otro estímulo que  te hace recordar a un sitio, un lugar, a una persona o incluso a una emoción, que asocias con ese olor, sonido o estímulo, y que a veces no sabes ni siquiera que es, ¿te ha pasado alguna vez? Este tipo de estímulo se está utilizando mucho como técnica de neuromárketing, mediante la utilización de aromas, música u otros estímulos que te traigan buenos recuerdos y que puedas relacionar con el producto que se desea que tú asocies con el mismo.

Memoria de trabajoEl segundo tipo de memoria a corto plazo del que disponemos es la  memoria operativa. La memoria operativa o también llamada memoria de trabajo, es la que le permite a tu cerebro y a tu mente trabajar en el presente.

Esta memoria nos permite mantener durante un período de tiempo determinado los estímulos o acontecimientos del presente para poder relacionarlos con otros recuerdos, conocimientos o habilidades del pasado que tenemos guardados en nuestra memoria a largo plazo. Este proceso es al que, en su estudio sobre la memoria opertativa, el psicólogo británico Alan Baddeley  le llamó buffer episódico.

La memoria operativa también nos permite mantener una conversación, reteniendo una serie de palabras (bucle fonológico) para poder analizarlas y así dar una respuesta, o retener un número de teléfono cuando queremos hacer una llamada y olvidarlo cuando lo hayamos marcado, o por el contrario guardarlo en nuestra memoria a largo plazo si lo memorizamos intencionadamente. En la memoria de  trabajo también se activan tareas automatizadas como conducir, escribir, caminar, montar en bicicleta, tareas que podemos realizar simultáneamente con otras actividades.

Su funcionamiento secuencial es el siguiente:

  1. Activa la corteza prefrontal avisando al cerebro de que se va a producir un cambio en el foco de atención
  2. Busca las redes neuronales relacionadas y las activa para traer al presente registros de la memoria a largo plazo
  3. Desconecta las redes activadas anteriormente
  4. Repite todo el proceso anterior

El área crítica del cerebro relacionada con la memoria operativa es la que componen los lóbulos frontales. La memoria operativa es un sistema ejecutivo central que gestiona las distintas unidades de atención y que, como te comenté anteriormente, tiene una capacidad limitada. Varios estudios han demostrado que una persona media, en su memoria de trabajo puede procesar, como máximo, unas siete unidades de atención a la vez, aunque lo normal es que se gestionen cuatro o cinco. Esto no quiere decir que podamos estar atentos a cinco cosas en exactamente el mismo instante, sino que la memoria operativa gestiona la alternancia de la atención y divide la misma para que casi en el mismo instante podamos activar un foco de atención, relacionarlo con otro -por ejemplo conocimientos anteriores-, volver al foco anterior y a su vez realizar una tarea automática, como por ejemplo escribir.

Esta limitación de nuestra memoria de trabajo es la que utilizan, por ejemplo, los magos para realizar sus trucos, bloqueando nuestra memoria operativa con varios focos de atención o haciendo que toda nuestra capacidad de atención se centre en un estímulo determinado para poder hacer, por otro lado, algo que seamos incapaces de ver o percibir. ¿Recuerdas el video del test de atención del gorila de Daniel Simons que te enseñé cuando hablábamos de la atención selectiva? En el mismo se podía comprobar que si centrabas tu atención en contar los pases de pelota, otros detalles te pasaban desapercibidos por muy evidentes que fueran.

La neuropsicóloga española Susana Martínez-Conde, directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Barrow Neurological Institute de Phoenix (Arizona), viene estudiando desde hace años la capacidad de la atención humana con la ayuda de varios reconocidos magos estadounidenses como Apollo Robbins.

A continuación te invito a ver el documental de Odisea “El Cerebro Inconsciente” donde se analiza, desde un punto de vista neurocientífico, cómo los magos manipulan nuestra memoria de trabajo y capacidad de atención, bloqueándola con un exceso de información, de tal manera que seamos incapaces de darnos cuenta del truco, te animo a ver el video completo en Youtube porque es excelente…

Bueno, pensaba hablarte en este post también de la memoria a largo plazo pero me he enrollado un poco y creo que esto es suficiente por hoy, por lo que de la memoria a largo plazo hablaremos en el próximo post.

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La Travesía para Emprender con Éxito – Ayuntamiento de Las Rozas de Madrid

Ayto Las RozasEl pasado martes 23 de abril estuvimos en el Ayuntamiento de Las Rozas impartiendo un taller de creación de planes de negocio, como parte del programa “La Travesía para Emprender con Éxito”, donde desde el ayuntamiento acompañan a los emprendedores en su andadura, asesorándoles y formándoles en las habilidades que necesitarán para llevar a cabo su proyecto.

Fue un verdadero placer ver como la gran mayoría de los proyectos se basaban en ideas creativas que buscaban nuevas formas de satisfacer necesidades ya existentes con proposiciones de valor realmente interesantes. Personas que pretendían convertir su pasión en su medio de vida.

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El proceso cerebral de la memoria

En este post y en Como-mejorar-la-memoriael siguiente, te hablaré sobre  el tercer dispositivo básico del aprendizaje, y que constituye la base de todas nuestras capacidades y funciones cognitivas:

la memoria 

Sin memoria, ninguna de las otras capacidades cognitivas tendrían sentido ya que se perderían sin la posibilidad de retener su fruto.

La neuroplasticidad cerebral es la base de la memoria. Cuando registramos algo en nuestra memoria, lo que hacemos realmente es crear nuevas redes neuronales y cuando pensamos en ese registro, lo analizamos y lo relacionamos con otros conocimientos, lo estamos relacionando con otras redes neuronales que se encenderán conjuntamente cada vez que evoquemos ese registro.

Nuestro cerebro está continmejorar-memoriauamente creando nuevos registros de memoria y borrando otros, ya sea por desuso o para dar lugar a nuevos conocimientos. De hecho, cada vez que evocamos un recuerdo lo estamos modificando aunque sea levemente, ya sea porque lo relacionamos con otros conocimientos, porque al evocarlo nos encontramos en otro estado emocional que  relacionamos con dicho recuerdo o por cualquier otra circunstancia, por mínima que sea. Y cuando lo volvemos a guardar sustituimos el recuerdo anterior por uno nuevo ya modificado. Es como cuando abrimos un archivo de Word o Excel, le hacemos modificaciones y lo volvemos a guardar. El archivo anterior deja de existir y en su lugar se guarda el archivo con su última modificación.  Esta actualización continua de la huella mnémica hace que cuanto más evoquemos un hecho, más distorsionado estará con respecto al hecho original.

 Por esta razón, podemos afirmar algo maravilloso y es que

podemos cambiar el pasado

Si evocamos un recuerdo que nos atormenta y logramos asociarlo a una emoción diferente, positiva, cambiaremos nuestra percepción del recuerdo y como la realidad depende de cómo nosotros la percibimos, podremos cambiar así nuestro pasado.

 Por otro lado, si cada vez que evocamos un recuerdo lo asociamos con la misma emoción negativa estaremos reforzando la red neuronal y por lo tanto dicha emoción se reafirma.

A la creación de nuevas redes y su almacenamiento en los bancos de memoria le llamamos potenciación a largo plazo. A la desaparición de redes neuronales antiguas le llamamos depresión a largo plazo. El sueño cumple una función muy importante con respecto a estos procesos, ya que cuando dormimos y soñamos fijamos nuevos conocimientos y borramos otros que ya no usamos. Por esta razón, trabajos que se han  hecho con grupos de estudiantes que el día antes del examen pasaban la noche sin dormir estudiando, obtenían peores resultados que los que la noche anterior habían tenido un sueño reparador.

El proceso de memorización tiene una secuencia a la que llamamos Circuito de la memoria. Este circuito comienza por la percepción de un estímulo que se registra sensorialmente durante un segundo aproximadamente, si no lo desechamos en ese momento porque nuestro SARA lo considera importante -recuerdas nuestro primer filtro que detecta cambios en el medio ambiente-, pasa a la memoria a corto plazo durante unos 30 segundos y luego de una breve evaluación se almacena en nuestra memoria a largo plazo o lo olvidamos.

Al registro sensorial le llamamos también memoria inmediata y sólo podemos recordarlo mientras mantenemos la atención sobre lo percibido. Por ejemplo el sonido de un trueno, un pájaro que pasa volando, una ráfaga de viento, etc.

Tenemos también una memoria intermedia que permite guardar conocimientos durante un período corto de tiempo, uno o dos días, por ejemplo cuando estudiamos para un examen, conocimientos que si no repasamos se olvidan y se pierden fácilmente.

El factor determinante y más potente que fija los recuerdos y nuevos conocimientos en nuestros bancos de memoria es el compromiso emocional, es decir el grado con una emoción es asociada a un estímulo o aprendizaje. Si un estímulo o aprendizaje se asocia fuertemente con una emoción lo recordaremos para siempre. Por ejemplo, si nos muerde un perro, seguro que recordaremos toda la vida el momento en que nos mordió, dónde estábamos, de qué color y raza era el perro, etc., etc.  y es porque las emociones son reacciones fisiológicas de nuestro cuerpo que garantizan nuestra supervivencia, ya sea para advertirnos de algún peligro o para alertarnos de una posible recompensa y que potencian nuestros recuerdos y aprendizajes para saber cómo actuar en el futuro ante una situación similar.

Si quieres que alguien recuerde lo que le tienes que decir:

Emociona

Existen ciertos procesos o técnicas que nos permiten fijar registros conscientemente en nuestra memoria de forma sostenida. Estos procesos fortalecen las conexiones sinápticas y por tanto las redes neuronales que las contienen, fijando los nuevos conocimientos y recuerdos y permitiéndonos acceder a ellos más fácilmente.

Estas técnicas son: la repetición, la asociación del nuevo conocimiento con otros conocimientos anteriores, contar lo aprendido a otras personas, escribir los nuevos conocimientos con nuestras propias palabras y sobretodo poner en práctica lo aprendido.

 “Oigo y olvido, veo y recuerdo, hago y aprendo”

Confucio – Siglo V a.c.

 El poder relacionar el nuevo conocimiento con otros conocimientos previos permite recordarlo más fácilmente. Por ej. si nos presentan al Sr. Pérez es posible que olvidemos fácilmente su nombre, porque los nombres no significan nada, pero si nos presentan al Dr. Pérez es muy posible que aunque olvidemos su nombre no olvidemos que es médico, ya que la palabra médico sí significa algo y la relacionamos en nuestro cerebro con otra red neuronal fuerte.

¿Qué es lo que recordamos más fácilmente?

  1. Lo que es significativo para nuestra supervivencia
  2. Lo que nos emociona
  3. Lo que capta nuestra atención
  4. Lo que está a favor de nuestros paradigmas o modelos mentales
  5. Lo que está vinculado a nuestros conocimientos anteriores
  6. Lo que comprendemos fácilmente
  7. Lo que nos causa una gran impresión
  8. La primera y última información que recibimos
  9. Lo que ponemos en práctica
  10. Lo que practicamos con frecuencia
  11. Lo que practicamos con significado

¿Qué es lo que olvidamos con facilidad?

  1. Lo que no es significativo para nuestra supervivencia
  2. Lo que no nos emociona
  3. Lo que está en contra de nuestros paradigmas o creencias
  4. Lo que no capta nuestra atención
  5. Lo que no tenemos conocimientos previos vinculados
  6. Lo que no comprendemos fácilmente
  7. Lo que no nos impresiona
  8. La información que se encuentra en el medio de tema o discurso.
  9. Lo que hace mucho que memorizamos
  10. Lo que no hemos puesto en práctica
  11. Lo que no ponemos en práctica con frecuencia
  12. Lo que practicamos sin significado

 A veces la destrucción de algunas redes se produce por lo que conocemos como Robo Hebbiano. El robo hebbiano se produce cuando la potenciación de una red neuronal ocupa neuronas de otras redes cercanas para poder ampliarse ella misma. Por ejemplo, una investigación realizada con violinistas reflejó que la habilidad extrema para mover los dedos de la mano izquierda ocupó redes que estaban destinadas a la sensibilidad de otras partes de la mano.

La mayoría de las sinapsis se producen por la transmisión del neurotransmisor glutamato que es un aminoácido excitatorio. Un dato curioso es que en un intento extremo de supervivencia, antes de morir el hipocampo se sobrexcita por el exceso de glutamato y es una de las posibles causas de lo que relatan muchas personas en experiencias cercanas a la muerte, cuando dicen que pasan todos sus recuerdos como una película por su mente.

Los receptores dendríticos del glutamato son el AMPA y el NMDA. El AMPA deja pasar el sodio y el NMDA el calcio, cuando se va a formar sólo memoria a corto plazo se activa solo el AMPA, en cambio cuando la memoria se guarda a largo plazo se activan ambos receptores.

Te invito a ver la entrevista que realizó Eduard Punset al neurocientífico español Joaquim Fuster, uno de los principales investigadores de la memoria

En el próximo post te contaré que existen al menos siete diferentes tipos de memoria;

  1. La memoria perceptiva
  2. La memoria operativa o de trabajo
  3. La memoria episódica
  4. La memoria semántica
  5. La memoria procedimental
  6. La memoria emocional
  7. La memoria autobiográfica

Y que si bien como siempre te digo: el cerebro trabaja en red como un todo y la memoria está integrada en toda la vasta red de conexiones neuronales, existen áreas críticas del cerebro que podemos relacionar con cada tipo de memoria.

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La atención explícita o ejecutiva (selectiva y sostenida)

Hoy te voy a hablar de una habilidad que es la que, entre otras cosas, nos permite aprender, planificar el futuro y gestionar la información de forma compleja, la atención explícita o ejecutiva, que la llamamos así porque la podemos controlar cognitivamente y de forma consciente.

Es gestionada por los lóbulos frontales y voluntaria, y consiste en concentrarnos de forma selectiva y sostenida sobre uno o más estímulos, tanto del mundo exterior como de nuestro mundo interior –los pensamientos-. A diferencia de la atención implícita este tipo de atención requiere un enorme gasto de energía, por esa razón, el mantener el foco de atención de forma sostenida  exige un gran esfuerzo y produce un efecto agotador sobre nosotros.

La habilidad de concentrar nuestra atención de forma sostenida y consciente la empezamos a desarrollar a partir de los 3-4 años y requiere que nos resistamos a las distracciones de otros estímulos del entorno. El aprendizaje está altamente relacionado con este tipo de atención, ya que nos permite retener la información durante el tiempo necesario para relacionarla con otros conocimientos previos y guardarla en nuestra memoria.


Por esta razón, para lograr concentrarnos  y que la información llegue a las áreas más elevadas de nuestro cerebro, para que pueda ser gestionada por éstas, es importante que en el medioambiente donde nos encontramos no se encuentren agentes estresores que activen instintivamente nuestro SARA y nos distraigan. En el cerebro tenemos un área que se ocupa de mantener la atención focalizada y sostenida que se llama cíngulo o corteza cingular anterior.

Cerebro atencional

Mantener la atención de forma explícita requiere un enorme gasto de energía, este tipo de atención la podemos mantener a un alto nivel y de forma efectiva y sostenida sólo entre 5 y 10 minutos y de forma parcial entre 40-45 minutos, a partir de ese tiempo el agotamiento mental hace necesario descansos para poder recuperar la efectividad. Por esta razón, cuando queremos exponer un tema y captar la máxima atención de nuestro interlocutor, es vital aprovechar esos primeros 5 o 10 minutos para despertar su máximo interés, ya que a partir de ese período de tiempo no podremos evitar las distracciones.

Además de los estímulos que nos puedan distraer del entorno, existe otro factor que no nos permite mantener la atención focalizada en un solo estímulo y sostenida, y es que nuestro cerebro está en todo momento gestionando varios procesos o tareas a la vez. Como te mencioné anteriormente, uno de ellos es el de relacionar la información en la que hemos focalizado nuestra atención con otros conocimientos previos, sacar conclusiones y guardarlas en nuestra memoria a largo plazo. Mientras ejecutamos este proceso, estamos obligatoriamente desviando nuestro foco de atención y volviéndolo a fijar una y otra vez. A a este proceso le llamamos: alternancia de la atención.

El que podamos estar concentrados en un foco de atención y al mismo tiempo distraernos con otros estímulos, lejos de ser un defecto, es una importantísima ventaja evolutiva, ya que el abstraernos totalmente del resto de estímulos, nos haría vulnerables a peligros que amenazarían nuestra supervivencia. Por eso, nuestro cerebro está preparado para alternar el foco de atención continuamente, permitiéndonos responder de forma simultánea a múltiples estímulos o tareas a la vez.

Sin embargo, esta capacidad de nuestro cerebro de gestionar múltiples unidades de información a la vez, es limitada.  El psicólogo americano George Miller público en 1956 un ensayo acerca de la capacidad del cerebro humano para gestionar información, al que llamó: “The magical number seven”, donde exponía que nuestro cerebro puede gestionar un máximo de siete, más menos dos, unidades de información a la vez, es decir entre cinco y nueve. A esta capacidad se le llama atención dividida y está totalmente relacionada con nuestra memoria operativa o de trabajo, de la que te hablaré en los próximos posts, y que nos permite, por ejemplo, poder tomar notas mientras escuchamos una conferencia o conducir mientras analizamos mentalmente una situación, escuchamos la radio o hablamos por teléfono. Sin embargo esta capacidad tiene sus limitaciones y como su nombre bien indica, divide el 100% del foco de atención. Por ejemplo, estudios realizados han arrojado que hablar por teléfono mientras conducimos, reduce al 50% nuestro campo visual.

Al porcentaje de nuestra capacidad total de atención que concentramos en un estímulo determinado le llamamos: densidad de atención. Cuanto mayor sea la densidad de atención, mayor será la probabilidad de que dicho estímulo sea guardado en nuestra memoria a largo plazo.

Para que puedas comprobar, tú mismo, tu capacidad de atención, te invito a realizar el siguiente ejercicio: es un vídeo desarrollado por el psicólogo estadounidense Daniel Simons que demuestra las limitaciones de nuestra capacidad de atención selectiva, cuando focalizamos nuestra densidad de atención en uno o más estímulos determinados.

Quizá ya hayas visto este vídeo, porque, por lo curioso que es, ha tenido una amplia difusión en internet, pero aun así, te invito a realizar el ejercicio otra vez…

Otra capacidad que tenemos relacionada con la atención, es la posibilidad de disociar el foco de la mirada y el foco de atención. Es una capacidad estratégica que se utilizamos mucho en deportes como el fútbol, el baloncesto o las artes marciales, donde para que no se nos descubran nuestras intenciones miramos a un lado pero estamos realmente pendientes de otro foco de atención, por ejemplo, donde está nuestro compañero para pasarle el balón. Esto también es una capacidad que tienen otros animales como los primates y otros mamíferos.

Ahora bien, una vez que has conocido toda esta información sobre tu capacidad de atención y la de los demás, tu pregunta será: ¿cómo puedo mejorar mi capacidad de atención? o más importante aún, cuando tengo que hacer una exposición ante otras personas, ¿cómo puedo lograr que mis interlocutores mantengan una alta densidad de atención ejecutiva en el mensaje que quiero transmitir?

Bueno, además de la clave que ya te comenté anteriormente, acerca de utilizar los primeros cinco o diez minutos para captar el interés de nuestros interlocutores con algo que sea realmente importante para satisfacer sus necesidades (especialmente si están relacionadas con su supervivencia), existen unos cuantos factores que influyen, de manera decisiva, en mantener la atención sostenida:

1. Motivación: La dopamina es el principal neurotransmisor que genera nuestro cerebro cuando anticipa una recompensa, y su efecto es que nos impulsa a actuar para conseguirla. Por esta razón, se le denomina el neurotransmisor de la motivación y el placer. Esa energía interior que provoca la dopamina ayuda a mantener activa la atención ejecutiva de forma consciente y sostenida durante períodos de tiempo más prolongados y al mismo tiempo, este neurotransmisor, actúa como reforzador de las conexiones sinápticas, grabando la información en los bancos de memoria a largo plazo.

En un estudio que se realizó con dos grupos de alumnos de 4º grado, antes de empezar una clase en las que se les iba a hablar sobre un tema específico. Al primer grupo se le dijo, simplemente, que al día siguiente se les haría un examen acerca de lo que habían aprendido. Al segundo grupo, por otra parte, se le dijo que al siguiente día iban a tener que contarle a otra clase de alumnos, de un grado inferior, lo que habían aprendido.

Al siguiente día se puso el mismo examen tanto al primer como al segundo grupo. Los resultados fueron que, el grupo que creía que iba a tener que enseñar lo que habían aprendido a otros alumnos obtuvo unos resultados muy superiores a los que solamente se les dijo que iban a hacer un examen. La razón fue que la tarea que se les había encomendado a los que tenían que enseñar lo que habían aprendido a otros, provocó una motivación mucho mayor en los alumnos de ese grupo que el hacer un examen rutinario a los del otro grupo.

Otro factor que nos motiva es tener la seguridad de que vamos a comprender la información que recibimos. Otro estudio que se realizó con dos grupos de alumnos a los que se les iba a dar una clase de matemáticas. Al primer grupo se le puso antes de la clase un problema relativamente fácil de resolver y al segundo un problema que con sus conocimientos previos no iban a poder resolver. Una vez dada la clase sobre el mismo tema, la atención del grupo que pudo resolver el problema fue mucho más activa y aprendieron más que los que dieron por perdido el poder comprender el tema.

2. Curiosidad: El poder llegar a conocer el desenlace de una situación, la adquisición de conocimientos  nuevos que podamos relacionamos con informaciones ya conocidas, o el descubrir cosas nuevas hace que nuestros lóbulos prefrontales se mantengan atentos a la información que estamos percibiendo. Las adivinanzas o preguntas que exigen astucia para averiguar la respuesta son también muy efectivas para mantener la atención.

Por ejemplo, la Dra. Judy Willis, profesora de matemáticas que utiliza las neurociencias para enseñar, utiliza metáforas que llaman la atención y despiertan la curiosidad de sus alumnos cuando le toca enseñar algún tema que de por sí puede ser aburrido. Ella cuenta que, por ejemplo, para enseñar “fracciones matemáticas”, la clase anterior les muestra a sus alumnos una imagen de una radiografía de un brazo con los huesos fracturados y les dice que la clase del día siguiente tratará sobre algo relacionado con una fractura, invitándoles a pensar qué puede ser. Luego al otro día relaciona el fraccionar números con la imagen, pero lo importante es que sus alumnos tienen toda la atención puesta al día siguiente ya que sienten gran curiosidad por saber de qué se les va a hablar relacionado con un hueso fracturado en clase de matemáticas. La propia Judy Willis, nos dice que todos los lunes trae un elemento diferente a clase y les dice a los alumnos que traten de adivinar con qué se va a relacionar ese objeto o imagen. A principio de curso el éxito de esta técnica es escaso, pero al cabo de uno o dos meses la mayoría de los alumnos participan ya que están deseando ver quién adivina y quién no.

3. Humor: El humor, bien utilizado de forma inteligente, nos produce placer y nos hace estar a la expectativa para captarlo y entenderlo rápidamente  ya que crea vínculos con el comunicante y con el grupo (nos hace sentir inteligentes y estar en la misma sintonía)

4. Entorno: La ausencia de elementos o estímulos estresores en el medioambiente es fundamental para que nuestra atención ejecutiva se mantenga sostenida y que la información llegue a los estadios más elevados de nuestro cerebro. Un ambiente seguro con elementos conocidos, y por lo tanto controlados, es absolutamente necesario para mantener la atención sostenida  y para desarrollar la creatividad y la imaginación.

Por lo tanto, si quieres conseguir que la información que transmites capte la atención sostenida de tus interlocutores y se grabe en los bancos de memoria a largo plazo deberías:

  • Elegir un entorno seguro, sin elementos estresantes o peligrosos que distraigan al SARA de nuestro interlocutor con estímulos que no vienen al caso, y que le haga sentir la sensación de bienestar generando serotonina.
  • Cuidar que la información que transmites no pueda ser considerada como peligrosa por los filtros cerebrales del receptor.
  • Crear estímulos básicos para mantener el SARA activo y focalizado en la información que transmites
  • Crear estímulos más elaborados que sean atractivos, como el humor, para que la corteza cingular anterior ayude a mantener la atención selectiva y sostenida en el tiempo.
  • Intentar que la información que transmites sea evaluada como una posible recompensa para los intereses y necesidades personales del receptor, de modo que su cerebro genere dopamina y noradrenalina para moverlo a la acción, especialmente en los primeros cinco o diez minutos de tu exposición.

Si quieres ampliar tu conocimiento sobre la atención, te invito a ver las siguientes dos conferencias de la Dra. Judy Willis y de la Neuropsicoeducadora Marita Castro, extraídas del Canal Youtube de la Asociación Educar para el Desarrollo Humano, una institución dedicada a la divulgación de las neurociencias, y una de las fuentes más amplias y rigurosas de conocimiento para los que nos apasiona el ser humano y el funcionamiento del cerebro. http://www.asociacioneducar.com

Estrategias basadas en investigaciones neurocientificas – El poder de las palabras
Dra. Judy Willis

Bases neurobiologicas para el desarrollo de la atención – NSE. Marita Castro

 En el próximo post te hablaré del tercer dispositivo básico del aprendizaje:

La memoria

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La atención implícita o inconsciente

Como te comenté en el último post, hoy vamos a hablar sobre el proceso cerebral de la atención.

La atención, junto a la motivación y la memoria, es uno de los tres dispositivos básicos del aprendizaje. Algunos autores dicen que la percepción es un cuarto dispositivo, pero si somos estrictos, aunque la percepción tiene un papel preponderante en el aprendizaje, no es un dispositivo imprescindible, ya que aún sin percepción puedes igualmente poner en marcha el proceso de aprendizaje desde tu mundo interior, mediante el pensamiento y el análisis mental y de esa forma modificar tus redes neuronales existentes de forma que provoquen cambios en tu comportamiento o pensamiento.

Recuerda que desde el punto de vista neurocientífico:

El aprendizaje se define como cualquier variación en las redes sinápticas que produzca cambios en el comportamiento y/o en el pensamiento

La atención es la facultad que nos permite detectar cambios en el medioambiente y focalizarnos en uno o varios aspectos  del mismo y prescindir de los restantes. Puesto que nuestro cerebro no está capacitado para procesar toda la información que recibe mediante los sentidos, para evitar una sobrecarga, el cerebro tiene sistemas que filtran la información, focalizando la atención, en principio, sólo en lo que es importante para nuestra supervivencia: evitar el dolor u obtener recompensas.

Si no filtráramos la información,  nuestro cerebro tendría que ser al menos 500 veces más grande para poder procesar todas las unidades de información que percibimos en cada instante que, según algunos estudios, se estiman en 11 millones de unidades de información por segundo.

Para poder entender mejor como funciona esta capacidad es importante saber que existen dos tipos de atención.

La atención implícita

Por un lado tenemos un tipo de atención implícita, inconsciente e involuntaria que está relacionada con la parte más primitiva de nuestro cerebro, nuestro cerebro reptiliano, donde en la parte superior del tronco encefálico se encuentra un área llamada: el Sistema Activador Reticular Ascendente (SARA). Este tipo de atención instintiva, no exige casi ningún esfuerzo y por lo tanto consume muy poca energía.

SARAEl SARA funciona como un primer filtro para los estímulos que vamos a dejar entrar en nuestro cerebro más evolucionado y filtra aproximadamente el 95% de la información.

Evalúa cada estímulo y sólo  permite pasar aquello que es relevante para nuestra supervivencia.

¿Qué cosas activan al SARA?

El SARA se activa básicamente con el cambio, ya que su programación le dice que lo conocido es seguro, o al menos sabe cómo reaccionar ante ello. El SARA también se activa ante cualquier estímulo que pueda considerar un peligro o una posible recompensa. Por esta razón, si hay algo que deseamos o tenemos en nuestra mente, nuestro SARA estará alerta y lo detectará, permitiendo pasar la información al tálamo y de ahí hasta nuestro cerebro más desarrollado. Esto último lo puedes comprobar un ejercicio sencillo:

Ve al salón de tu propia casa, cierra los ojos y pregúntate, por ejemplo, cuántos objetos de determinado color hay en el mismo, posiblemente recordarás alguno, sin embargo al abrir los ojos con el foco de atención en objetos de ese color, encontrarás varios objetos que hasta ese momento ni te habías percatado de ellos. Haz la prueba…

 O también, por ejemplo, cuando estás a punto de comprarte un coche nuevo o te lo has comprado hace poco, sin buscarlo verás por la calle una cantidad increíble de coches iguales al tuyo de los que antes no te habías percatado. No es que en este momento haya más coches iguales al tuyo, sino que al ser algo importante para ti, tu coche está continuamente en tu mente y tu SARA está alerta para detectar en el entorno aquello que es importante para ti.

¿Qué estímulos llaman la atención del SARA?

  • Los colores llamativos
  • El movimiento (por la conducta ancestral de estar atento a una posible presa o a un posible depredador)
  • El suspenso, por ejemplo un silencio o un sonido inesperado
  • La sorpresa, elementos no conocidos en un entorno conocido o elementos conocidos en un entorno desconocido

Por lo tanto, el SARA permite pasar aproximadamente un 5% de los estímulos que recibimos del medioambiente, si lo que detecta lo considera peligroso para nuestra supervivencia,  está preparado para responder de forma inmediata mediante dos únicas respuestas: ataque o huida.

AmigdalaPor el contrario, si evalúa que la información puede aportarnos un beneficio para nuestra supervivencia (obtención de una recompensa), le permite pasar hasta un segundo filtro: nuestro sistema límbico, relacionado con nuestras emociones, que es una parte de nuestro cerebro que compartimos con la mayoría de los mamíferos y más desarrollada que el cerebro reptil.

El primer lugar de este sistema al que llegan los estímulos que ha permitido pasar el SARA es el tálamo que cumple la función de integrar la información percibida por los distintos sentidos y pasarla al complejo amigdalino quién evaluará emocionalmente si lo que ha permitido pasar el SARA es peligroso o beneficioso, es decir dolor o placer, si es así, lo asociará a una emoción y lo guardará implícitamente en nuestra memoria a largo plazo, sino lo desechará o le permitirá seguir su camino hacia la corteza prefrontal pero mediante una red neuronal débil que podrá perderse rápidamente si la información que transporta no la gestionamos  de forma explícita con nuestra corteza prefrontal, es decir si no hacemos un esfuerzo por mantener nuestra atención consciente en la información y así guardarlo en nuestra memoria.

Si la información es evaluada como una posible recompensa, entra en acción inmediatamente el núcleo accumbens que intervendrá en la generación de dopamina, neurotransmisor relacionado con el deseo y la búsqueda de recompensa que a su vez creará las condiciones para la generación de otro neurotransmisor llamado noradrenalina que actuará sobre nuestro sistema motor para movernos a la acción de conseguir la recompensa.  A este circuito se le llama circuito motivacional o de recompensas, pero de esto hablaremos más adelante.

Por otro lado la generación de dopamina contaminará la información para que al ser evaluada por los lóbulos prefrontales no la evalúen sólo de forma objetiva. Para comprender mejor este proceso, es interesante que sepas que la generación de dopamina se produce también de forma indiscriminada en el enamoramiento, lo que nos hace perder  la objetividad en la evaluación de la persona de la que nos enamoramos, haciéndonos ciegos a sus defectos.

Este recorrido, que va desde el tálamo al sistema amigdalino, en el que nuestro cerebro mantiene el foco de atención en un estímulo y evalúa su valía de forma implícita o no consciente es lo que Joseph Ledoux llamó camino corto” y tiene una duración de aproximadamente 125 milisegundos. A la vez y de forma paralela, desde el tálamo, la información realiza otro recorrido hacia la corteza cerebral, nuestro cerebro más desarrollado, donde se evalúa de forma objetiva y cognitiva la información percibida. A este recorrido Ledoux le denominó “camino largo”  donde la información tarda 375 milisegundos aproximadamente en llegar.

Por esta razón es tan difícil gestionar nuestras emociones desde la razón, cuando nuestro cuerpo reacciona emocionalmente a los 125 milisegundos y nuestra razón tarda en reaccionar tres veces más, produciéndose en muchos casos el llamado “secuestro amigdalino o emocional” , debido a que la amígdala se queda activada en modo supervivencia y donde la segregación de ciertos neurotransmisores y hormonas no permiten que dicha información sea analizada por nuestro neocórtex y eso hace que nuestras reacciones sean absolutamente primitivas.

Bueno, creo que esto es suficiente por hoy, en el próximo post te contaré más sobre la atención y especialmente sobre el otro tipo de atención, del que no hemos hablado y que es la atención explícita, consciente y que podemos gestionar de forma cognitiva.

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El proceso cerebral del aprendizaje

Como te comenté en el post anterior, hoy vamos a empezar a analizar el proceso cerebral del aprendizaje.

El entender este proceso es fundamental para entender cómo funciona el cerebro, ya que el aprendizaje es el elemento básico de la inteligencia humana y de la mayoría de los procesos cerebrales.

Redes neuronales

Desde el punto de vista neurocientífico, el aprendizaje se puede definir como cualquier variación en las redes sinápticas, producida por la percepción de nuevos estímulos del mundo exterior –información teórica, práctica o experiencias de vida- o desde el mundo interior -mediante el pensamiento- que produzca cambios en el comportamiento y/o en el pensamiento, entendiendo por cambios en el comportamiento el que variemos la respuesta ante el mismo estímulo.

A través del aprendizaje y la memoria vamos construyendo nuestro mundo interior (nuestro yo) y a través de él evaluamos la realidad exterior.

La etapa de nuestra vida con mayor producción de sinapsis se produce cuando somos niños, entre los 3 y los 10 años. Por lo que los ambientes enriquecidos en esa etapa son fundamentales para el desarrollo cognitivo de las personas.

Conexion sinaptica

Cada segundo se producen en el cerebro aproximadamente un millón de sinapsis formando nuevas redes neuronales y borrando otras.

De hecho, cada vez que evocamos un recuerdo o analizamos mentalmente una información,  borramos la red sináptica anterior y grabamos en su lugar una nueva reafirmando ciertos aspectos de la información, debilitando otros,  y/o agregando nuevos datos a la red neuronal.

Esto significa que cada instante que pasa nuestro cerebro cambia y literalmente es diferente a como era en el instante anterior.

 El aprendizaje se puede definir como cualquier variación en las redes sinápticas que produzca cambios en el comportamiento o en el pensamiento

Para que pueda producirse el aprendizaje es necesario al menos la ejecución de tres procesos cerebrales llamados dispositivos básicos del aprendizaje (DBA) y que son:

  • La atención
  • La motivación
  • La memoria

Existen dos tipos básicos de aprendizaje:

Aprendizaje implícito o emocional

Es automático, rápido y se produce de forma no consciente, es básicamente emocional y duradero, se aloja en la memoria a largo plazo y es muy difícil de modificar o eliminar. Requiere muy poco gasto energético y atención –tanto selectiva como no selectiva-. Clasifica los estímulos como beneficiosos o peligrosos para la supervivencia.

Puede ser selectivo: Por ejemplo, si nos ataca un perro y nos muerde, recordarás perfectamente dónde fue, cuándo fue, de qué raza y color era el perro y el aprendizaje puede ser que “los perros son peligrosos” o que “los perros de cierta raza son peligrosos” o podría ser, incluso, que el sitio donde fuimos atacados es lo peligroso, por ejemplo el jardín de una casa.

O también podemos generalizar: donde el aprendizaje podrá ser que “todos los perros son peligrosos”

Aprendizaje explícito o cognitivo-ejecutivo

 Este aprendizaje es voluntario y requiere atención selectiva sostenida consciente. Es difícil de retener y exige mucho esfuerzo y gasto energético además de procesos como la repetición, el repaso, relacionarlo con otros conocimientos previos, etc.

La cognición es la capacidad de nuestro cerebro de procesar y utilizar la información recogida por los sentidos.

Otro factor importante del proceso de aprendizaje que es importante saber es:

Cómo se ordena la información en nuestro cerebro

El proceso de ordenación de la información en nuestro cerebro no funciona como una biblioteca, donde se coloca un libro ordenado por temas, pero sigue siendo un libro con su información independiente. Toda información que entra en nuestro cerebro a través de nuestros sentidos es incorporada a una red  neuronal ya existente o bien crea una nueva, formando modelos o bloques de información que inmediatamente se relacionan con otras redes.

La ventaja de los modelos mentales, o bloques de información, es que se sistematiza el acceso a ellos. Esto nos permite reaccionar rápidamente y con un muy escaso gasto de energía. Sin embargo, tienen una desventaja, ya que si bien permiten una fácil utilización, es muy difícil poder entrar en sus estructuras y modificarlos internamente.

luces ciudad

Estos bloques de información pueden ser llamados por su título o por la activación de una parte de ellos. Por ejemplo, cuando nos mencionan el nombre de una persona que conocemos –su título-, nuestro cerebro activará toda la red neuronal o bloque de información relacionado con esa persona. Pero también si oímos la voz de esa persona -una parte de la red neuronal-, inmediatamente se activará toda la red que nos traerá mentalmente el bloque de información relacionado con esa persona. Es como si tocando cualquier parte del conjunto de redes relacionadas, encendiéramos un interruptor que activara todas las neuronas que conforman la red.

Otra variable que marca la rigidez de un modelo es el compromiso emocional que le hayamos asignado a la información cuando la percibimos por primera vez.

¿Qué es el compromiso emocional?  El compromiso emocional es el grado con que una emoción se asocia a un estímulo. Cuando un estímulo es percibido por nuestros sentidos recorre un camino por nuestro cerebro que, antes de llegar al área más evolucionada del mismo, donde se analiza la información de forma objetiva, los lóbulos prefrontales, pasa por la amígdala, donde el estímulo es evaluado por las llamadas fuerzas placer-dolor, es decir, el cerebro evalúa si el estímulo puede traernos una recompensa positiva para nuestra supervivencia y por lo tanto provocarnos placer o por el contrario si puede ser peligroso para nuestra supervivencia y por lo tanto provocarnos dolor, y se produce una emoción asociada a la evaluación.

Por ejemplo, si volvemos al ejemplo del perro, cuando éste nos muerde, nuestra amígdala evaluará la experiencia como peligrosa y se producirá una o más emociones -procesos bioquímicos- relacionados con el estímulo, como por ejemplo: susto, miedo o aversión. Dependiendo del dolor y demás circunstancias que rodeen a nuestra experiencia, así será el grado en que dichas emociones se asociarán al estímulo y por lo tanto el compromiso emocional con que se grabará en nuestra memoria. Luego nuestro cerebro lógico ordenará la información, registrando que los perros desconocidos muerden, o como te comenté antes, incluso puede generalizar, registrando que todos los perros son peligrosos.

Estos bloques de información tienen una estructura que conforma un modelo mental o creencia a la que se va asociando nueva información, pero siempre manteniendo la misma estructura lógica.

Es importante que recuerdes este concepto de la ordenación de la información en el cerebro ya que lo veremos más adelante cuando hablemos de creatividad y del proceso creativo.

Bueno, creo que ya es suficiente por hoy. En el próximo post empezaremos a profundizar en los DBA o dispositivos básicos del aprendizaje y empezaremos por la atención.

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